La ciudad está cubierta de tinieblas. La poca comida que se puede conseguir no es suficiente para una buena alimentación. Las fuentes de energía eléctrica funcionan a regañadientes, al punto de ser nulos. Los edificios ya fueron saqueados en el principio de la catástrofe, no hay suministros de ningún tipo. Matas o mueres, en la ley ya no existe, tan solo la supervivencia. Algunas personas tratan de generar sus propios alimentos, pero la tierra es poco fértil y los animales que siguen con vida no son aptos para el consumo debido a la contaminación que sufrieron.



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Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Máster el Lun Dic 10, 2012 10:47 pm

Pasos firmes y decididos resuenan por los pasillos de la sede de Alquimia S.A. Se trata de Thomas A. King, quien se dirige furioso hacia el laboratorio ni bien escuchó activarse la alarma de Peligro Biológico. Desató su furia ligeramente contra algunos colegas por no haberle informado anteriormente de la situación, aunque él bien sabía que nadie se había esperado lo que estaba sucediendo. Juliet había dado rienda suelta a sus experimentos, y Thomas sabía muy bien que si no se dirigían hacia él para acabar con su vida, sólo irían a jugar un rato con los pobres infelices que encontraran en las calles a modo de entrenamiento.

Irrumpió en el laboratorio designado a su compañera Martina Rocca, quién ya se encontraba haciendo rastreos en su computadora para verificar desde qué sector se expandía la amenaza. A pocos metros, recostada en la camilla metálica, Alice Maxwell se sacudía intentando inútilmente zafarse de las amarras que la mantenían atrapada. Su estado de desesperación sólo logró aumentar al escuchar la sirena: algo en ella, sumado a la actitud de Thomas, le decía que eso no era nada, nada bueno.

El ahora director de la empresa tomó su comunicador e indicó que se llevara a cabo un rastreo inmediato en la zona buscando a dos mutantes sueltas para llevarlas a las instalaciones. Sus órdenes fueron cumplidas al pie de la letra y un grupo de hombres armados y preparados con tranquilizantes y armas biológicas salieron al encuentro de Ginebra Beckett y Alesska Fölger, ambas mutantes conocidas por él, sabe de lo que son capaz de hacer y ambas juntas serían una gran arma. Sus hombres salieron por un edificio aledaño, dado que el laboratorio era subterráneo, contaba con varias salidas en distintas zonas.

Ginebra Beckett fue sorprendida alimentándose en un callejón. La luz de las linternas la cegó. Fue lo suficientemente rápida como para escaparse de allí de un salto, pero no contaba con que otro grupo de hombres la estaría esperando del otro lado. Equipados con ropajes de última generación en defensa, éstos imposibilitaron que Ginebra pudiera infectarlos con alguna mordida. Entre seis de ellos lograron inmovilizarla y le inyectaron una sustancia que ella no supo reconocer… aunque segundos después cayó rendida al suelo en un desmayo.

Un grupo mucho mejor preparado se dirigió al encuentro de Alesska Fölger, aunque bien sabían que no sería nada fácil el poder capturarla. Decidieron entonces crear un plan. Sabían que la muchacha adoraba matar gatos y a la vez la sangre que de ellos emanaba, por lo cual liberaron algunos en la zona en donde la rastrearon. Alesska, cegada por su hambre no tardó en abalanzarse encima de los animales, y fue en ese momento cuando su debilidad le jugó en contra. Atrapada en una red, se sacudía a la vez que movía su cola amenazantemente, logrando pinchar con ella a varios de los guardias pero dándose cuenta que la tela de sus trajes era tan fuerte que no sólo le era difícil hacerlo, sino que en cierto punto le causaba dolor. Siendo menos ortodoxos, desmayaron a la mutante con un golge fuerte en la cabeza que luego dejaría sus marcas de seguro.

En el camino de vuelta los hombres de Thomas sonreían victoriosos. No había sido fácil, pero habían logrado capturar a las mutantes más intrigantes del momento. Thomas los esperaba cerca de la puerta, y una sonrisa se dibujó en su rostro cuando los vio acercarse. Si Juliet quería guerra, entonces guerra tendría. Pero una voz que murmuraba cosas incoherentes captó su atención. A unos metros de la entrada de la sede se encontraba Alma Goethe con una piedra en sus manos. Parecía estar hablándole. A la vez, la acariciaba. Este comportamiento le produjo cierta intriga a Thomas, aunque rápidamente dejó de pensar en ello cuando vio llegar a las mutantes cautivas.

Inevitablemente, la muchacha que hablaba con la piedra fue testigo del espectáculo. Consciente de que no quería ningún espectador, Thomas no tardó un segundo en salir a su encuentro. La miró fijo y alegó que ella “podría llegar a servirle”. La tomó fuertemente de un brazo y entró a la sede de la empresa con la muchacha a cuestas a la vez que ordenaba que prepararan una camilla con refuerzos.

Ginebra y Alesska despertaron en una sala en donde la luz blanca las cegaba. Tenían jeringas (ahora vacías) en sus brazos y piernas, y el dolor punzante se extendía por cada una de sus extremidades. Alesska no tardó en reconocer el lugar. Supo donde estaba ni bien abrió los ojos. La habitación parecía estar sellada y el cristal que las separaba del laboratorio estaba reforzado. Aún así ambas mutantes tienen mucha fuerza. Quizás si lograran combinarlas pudieran salir de allí… o quizás, sólo quizás, se ganaran un castigo peor del que ya les había tocado y del cual todavía nada sabían.
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Martina Rocca el Lun Dic 10, 2012 11:26 pm

Segundos después de escuchar el ruido de las sirenas advirtiendo sobre Peligro Biológico, se levantaba desde el mesón comparando unas muestras para correr hasta el escritorio con la pantalla del ordenador.

- ¡¿Qué es esto?! - Dijo molesta, apretando la mandíbula mientras accedía rápidamente al sistema, necesitaba saber de dónde provenía la amenaza. - ¡Vamos! - Dijo rápidamente tipeando códigos y ver el mapa de las instalaciones, animando a la computadora para que le permitiese ver los sectores comprometidos.

Segundos después su jefe entraba a la habitación, se notaba furioso, y no era para nada raro. Un peligro en las instalaciones sólo significaba que alguien había estado jugando por su cuenta, o bien, algo había salido muy muy mal.

- Sr. King... - Dijo apuntando la pantalla del ordenador, mostrándole desde dónde había empezado la alarma. Sus dedos se movían rápidos en el teclado, accediendo a las cámaras de seguridad de aquel sector- Allí... - Agregó, agrandando la imagen, y dejando ver a su jefe lo que había sucedido. - ¿Qué son esas cosas? - Comentó, haciéndole un acercamiento a la imagen del video, abrió los ojos como plato al darse cuenta de qué eran. - Eso... - Musitó sorprendida, no había visto criaturas iguales a esas.
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Alice Maxwell el Mar Dic 11, 2012 12:30 am

La situación ya me había sobrepasado, necesitaba salir de la maldita camilla ahora… pero mis esfuerzos eran infructuosos, cardenales comenzaban a decorar mis brazos y, muy probablemente, también mis piernas; sin embargo, no había conseguido soltar las amarras ni medio milímetro.

El estridente sonido de una sirena me sobresalta ¿Para qué mierda es esa alarma? La reacción de mi “adorada hermanita” me deja entrever que, sea lo que sea, no es ni remotamente bueno, más aún considerando que sigo atada como un paciente psiquiátrico.

Hey bonita… ¿No te parece que es buen momento para soltarme?— Le grito, para asegurarme de que me escuche por sobre el sonido de la sirena. No tengo tiempo para continuar haciéndole notar mi presencia, pues un sujeto se precipita dentro de la habitación irradiando molestia ¿Estará a cargo? Parece algo joven como para dirigir todo esto, aunque considerando la presencia de Martina… todo puede ser.

¿Pero qué mierda han hecho ahora?— Es mi respuesta innata frente al pánico en el rostro de mi hermana ¿A qué nueva atrocidad debería temerle?— Estúpidos idiotas… ¿Cuándo dejarán de cagarla?
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Thomas A. King el Mar Dic 11, 2012 1:12 am

La alarma me tomó por sorpresa como nunca nada me había agarrado antes tan desprevenido. ¿Qué demonios? Ni bien me asomé de mi despacho los idiotas de los empleados me informaban entonces que los rumores eran ciertos, que alguien había efectivamente irrumpido en el lugar y estaba experimentando a nuestras espaldas… o mejor dicho, justo en frente de nuestras narices. -¡Idiotas!- gritaba mientras caminaba por los pasillos -¡Idiotas, incompetentes, malnacidos! No se les puede asignar ni una tarea de vigilancia mínima… ¡Todo el personal de seguridad me escuchará luego de esto!- gritaba a viva voz al dirigirme hacia el laboratorio donde sabía estaba Martina con su nuevo juguete. Si había un lugar en donde ubicaría rápido el sector de la amenaza era allí.

Entré hecho una furia abriendo la puerta y haciendo que golpee contra la pared al no medir mi fuerza. Ni siquiera miré de reojo al juguetito nuevo de mi colega, me importaba poco y nada. A decir verdad no me importaba. Me acerqué al computador y ubiqué la zona de donde provenía la amenaza. –No fucking way…- musité corriendo a Martina con un dejo de suavidad y apoderándome de la computadora. Chequeé las cámaras de seguridad y mis ojos se abrieron en grande ni bien vieron lo mismo que Martina. Sentí la sangre llenar cada vaso sanguíneo de mi cuerpo y recorrer mis venas con rapidez. La sentía hervir. Mi ceño estaba fruncido a más no poder y mi cuerpo pedía desesperadamente que hiciera algo para soltar tanta tensión.

-¡FUUUCK!- dejé salir un grito a la vez que pegaba un puñetazo contra escritorio, haciendo que se resquebraje y que algunos pedazos de madera salieran volando. –Esto…- respondí a Martina señalando a la pantalla –Esto es guerra…- agregué agitado a causa de la furia. Tomé mi comunicador: sabía cuál era el primer paso, y el mismo consistía en traer a esas dos mutantes que tanto me interesaban: ellas me ayudarían a ganar esta guerra, lo quisieran o no. Unos gritos, insultos se escucharon mientras daba las órdenes de rastreo y captura por el comunicador. Lancé una mirada asesina la muchacha que se encontraba en la camilla. ¿Realmente iba a dejar que “esa” lograra afectarme con su palabrerío? Lo cierto, era que estaba muy fuera de mí mismo.

-¡Calla a tu puto juguete ahora mismo antes de que le arranque las cuerdas vocales con la mano!- ordené a Martina –Y quizás de paso te haga un favor…- agregué volviendo a mira al objeto, es decir, la persona, que yacía en la camilla metálica reforzada. Pero no tenía tiempo de discutir con un jueguete, tenía cosas más importantes que hacer. –Traerán a dos especímenes: uno es AF-018, Alesska. ¿La recuerdas? Bien.- le dije apurado sin darle chance a que me conteste. –A la otra me la crucé una vez y es muy interesante. Las encerrarán en el cuarto de pruebas, ese que está sellado en el laboratorio de enfrente, podremos hacerles pruebas, tengo algunas soluciones por allí…- le indiqué con la mano una heladera con tubos de ensayo.

Recibí al poco tiempo la señal de que habían capturado a la primera de las mutantes. Decidí entonces dirigirme hacia la puerta por donde iban a regresar mis hombres. Allí, una voz femenina llamó mi atención. Rara. ¿Le hablaba a una piedra? Interesante… quién sabe qué “locas” ideas podrían salir de una cabecita como esa… Me le acerqué con una sonrisa –No deberías estar sola con tu piedra por aquí… ven conmigo…- ensanché mi cínica sonrisa -…podrías servirme…- sin darle oportunidad a que reaccionara, la tomé del brazo con fuerza y la llevé conmigo al interior del edificio. Podría manipularla… quizás me ayuden unos calmantes dada su actitud… pero nada que no pueda manejar. Había mucho que hacer, la guerra había sido declarada y si Juliet quería guera… tendría guerra…


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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Ginebra Beckett el Mar Dic 11, 2012 1:40 am

El hambre me cegó, no recuerdo nada de lo que pasó, mi mente de vez en cuando capta algo, pero mínimo. El hombre, la sangre, la sed, aquellas personas, mi escape, mi captura. No fui capaz de llamar a mi perro ¿O si lo hice? ¿Lo tendrán ellos?

Abrí los ojos, la luz me cegaba por completo, mis pupilas se contrajeron. Traté de tapar la fuente lumínica con mis manos, hasta que mis ojos se pudiesen acostumbrar un poco. Mi corazón latía con mayor velocidad de la normal, sentía la sangre ser bombeada por todo mi cuerpo, era un silbido. Traté de ponerme de pié, me costó demasiado, un dolor agudo recorrió mi cuerpo al poco tiempo, emití un grito desolador al que trate de ahogar. Entre sollozos traté de dar un par de pasos y no tardé mucho en darme cuenta de que estaba encerrada.

Mi cuerpo temblaba, débil, miré a mi alrededor, aquel hedor no podía ser de una persona normal, sino mas bien, de un mutante. Noté a una muchacha tirada en el suelo, dormida. Era obvio que nos habían llevado allí de la misma manera, pero ¿Para que?

Estaba asustada, di unos cuantos pasos hacia atrás a toda velocidad, hasta toparme en el rincón de nuestra prisión de cristal y desesperada comencé a soplar mi silbato, rogando porque el agudo oído de mi perro lo pudiese escuchar. Una y otra vez soplaba, el sonido era imperceptible para el oído humano, a un perro normal lo altera, pero para el mio o para mí, aquél ruido era peor que cualquier otra sirena.

Una sirena, recordaba eso, escuchar la misma sirena que escuche en el momento de convertirme en lo que era ahora. Tapé mis oídos y comencé a mecerme de un lado hacia otro -Quiero salir, quiero salir, quiero salir, quiero salir, quiero salir, ¡Quiero salir! era lo único que repetía en ascenso. Pero todo fue silencio cuando al fin escuche lo que quería, el aullido de mi perro que me buscaba desesperadamente en lo que parecía, por encima mío.

Fue entonces cuando pude tomar todo con mayor calma, con el silbato en la boca y soplando cada tanto para no perder el rastro, comencé a golpear mi prisión con fuerza, generando el temblor de la misma. Podía ver como todo el cristal se movía lentamente con cada golpe, aunque era demasiado fuerte, no me iba a dar por vencida sabiendo que la ayuda estaba en camino.
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Alma Goethe el Miér Dic 12, 2012 5:57 pm

Los días pasaban tan confusos como las noches; ardía el sol y luego la penumbra total, era imposible saber a ciencia cierta que día era y al menos, para alguien como Alma, todo daba lo mismo. Un lugar donde ya no existía las reglas ni la sociedad en sí era perfecto para una mente distorsionada; la supervivencia del más fuerte...o del más loco.

Las palabras y los murmullos la ponían nerviosa, odiaba sentirse observada por toda aquellas personas...loca...le recordaban a toda esa gente que la había llamado loca. Sacudió violentamente su cabeza, pasando sus manos por su ondulada cabellera rubia con tan poca delicadeza que cualquiera juraría que se iba a arrancar algún mechón de pelo pero se detuvo tan rápido como comenzó para así seguir su camino con total tranquilidad. No sabía donde estaba pero tampoco le interesaba mucho.

"Ellos no eran tus amigos"-Murmuró una vocecilla muy cercana a ella. Como un animal curioso, giró en círculos hasta encontrar la fuente de aquel sonido. Un objeto gris, para ser más precisos, una piedra, se encontraba a tan solo centímetros de sus pies; carente de boca o algún método de comunicación pero aún así, la chica lo miró intensamente, hasta con dulzura antes de agacharse y recogerla para acariciarla con sus manos.-¿Y tú lo eres? -Preguntó mientras se la acercaba a la oreja y extendía una sonrisa por su rostro.

La mente es siempre un lugar curioso, un lugar donde se puede llegar donde quiera y hacer lo que se desee; en su caso, ella sentía la satisfacción de escuchar lo que quería oir."Claro que lo soy. No soy como los demás. Todos deben pagar; deberías atravesarles la gargantas a ellos, los que se ríen". Alma asintió levemente con la cabeza mientras sentía la seguridad de su bisturí bien guardado. -Claro, todos pagarán.

Lo siguiente pasó muy rápido, tanto que los confundidos ojos de la chica no alcanzaron a captar ni su mente pudo procesar; había estado tan absorta en sus pensamientos que no se había preocupado de lo que pasaba al exterior. Un hombre la agarró por el brazo, diciendo unas palabras que no logró entender ni analizar, mientras la arrastraba casi a cuestas hacía dentro. Las luces artificiales la cegaron de inmediato, pero ella solo logró escuchar la vaga vocecita de su acompañante. "Él no es tu amigo; mátalo. ¡MÁTALO!".

No, él no era amigo de ellos. Frunció los labios, incómoda por el tacto del hombre, y sin más pensarlo, descargó con todas sus fuerzas la piedra en la nuca del hombre. No sabía cuál era el efecto que produciría, pero sin duda sabía que si es que llegaba a soltar el agarre opresor sobre ella, echaría a correr por los pasillos.


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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Alesska Fölger el Vie Dic 14, 2012 12:42 am

Esa mañana salí a buscar un juguetito. Si hubiera sabido que pasaría, me quedaba durmiendo en la alcantarilla. Pero me estoy adelantando; Empiezo por el principio. Salí, como todas las mañanas, caminando por los muros, hasta que los maullidos a lo lejos hicieron aparecer esas ganas de jugar tan propias de un infante que a veces dudaba seriamente de tener realmente veintitrés años. Aceché al pequeño felino atigrado, sonriendo mientas lo veía jugar con una polilla o un insecto que lo mantenía concentrado. Me oculté en una pila de escombros, señalándolo deliberadamente con la cola, sintiendo el veneno recorrerme las venas como si de lava se tratase, pero lejos de dañarme, era un choque de adrenalina, impulsándome a seguir. En el momento perfecto, salté sin darle tiempo a reaccionar, aguijoneando directamente en el cuello del animal. Sus chillidos me llenaron de goce, pero lejos estaba de sentirme satisfecha. Asique me entretuve despellejándolo, solo usando las uñas.

Algo logró ponerme completamente alerta, haciendo que dejara el animal atrás. Gruñí instintivamente, sin saber a que, por alguna extraña razón que era ese “algo” se escapaba de mi mente. Era como una especie de presentimiento, un feeling que me decía que no me moviera de mi lugar, que ni si quiera pestañara. Sin embargo, yendo contra toda esa lógica que se me quería instalar en la mente, me obligué a comenzar a moverme. Fui precavida, caminando por todos los lugares famosos por su radiación. A lo sumo me crecería otra cabeza, aunque ¿más mutaciones de las que ya tenía? lo veía medio difícil. Al llegar de nuevo a una zona –semi- radiactiva un nuevo maullido. ¿Otro gato? Parecía mi día de suerte. Me abalancé sobré el felino contenta. Y esa fue una de las peores decisiones que tomé en mi vida, como cuando dije “sí”, años atrás.

Tan entretenida estaba en lo mío, que cuando sentí el movimiento era tarde. Todos uniformados, tanto que parecían vestidos de pies a cabeza con kevlar. Comencé a aguijonearlos, lo que les tomó agarrarme la cola y tenerme inmovilizada en el piso. Considerando que eran unos doce, solo les tomó un par de minutos. Y entonces me vi atrapada en ese metal cuadriculado. Intenté romper la red, pero la porquería era malditamente resistente, y por un momento sudé en frio, cuando la mierda comenzó a encogerse, manteniéndome en su interior logrando hacer que me encogiera sobre mi misma hasta tenerme quieta; Llegando hasta tal punto en el que podía sentir el filo de cada pequeño cuadradito marcándome la piel desnuda de las piernas.

Los mataría. Los mataría a todos y cada uno de ellos. Y usarías sus jodidos cráneos de florero. Y me haría una boa con cada vertebra de sus cuerpos. Lo haría. -*Я вб'ю вас усіх з моїми власними руками.- Aseguré con toda la intención en un marcado ucraniano, aguijoneando al aire, dado que ya no llegaba a nada. Y entonces uno se acercó con un bate y dejé de sentir.

El pitido en los oídos logró hacer que quisiera salir de mi inconsciencia para golpear al bastando molesto que estaba haciendo ese ruido. Pero seguía aferrándome a esa oscuridad dentro de mi cabeza sintiéndome completamente surreal. Eventualmente abrí los ojos, llevándome las manos a la cara para sofocar esa luz blanca totalmente enceguecedora. El maldito cabrón dentro de mi cabeza no dejaba de hacer su sonido irritante. O quizás no era eso. Noté a mi acompañante , pero me limité a ignorarla, ideando un plan dentro de mi misma para poder salir. Intenté moverme, pero sentí como si tuviera concreto en cada extremidad, completamente pesadas. Y entonces noté unas cuantas jeringas a mi lado. ¡LOS MUY HIJOS DE PUTA! Seguro se habían entretenido jugando a doctor chiflado. Siseando amenazadoramente -solo porque sí- puse toda mi fuerza en volverme ingrávida, y lo logré por unos segundos, lo que me tomó hasta llegar al techo. Pero tan rápido como subí caí con un golpe seco. Ah… Alquimia. Tan encantadores. Lo gozaría tanto cuando me llevara sus tripas de suvenir. Y entonces, de nuevo el pitido. Y fulminé con la mirada a la mocosa dueña de mi dolor de cabeza. - ¿Querrías dejar de hacer eso?, es sumamente irritante.- Pedí. Y entonces sin perder tiempo corrí hasta hacer chirriar el cristal que nos mantenía cautivas. Si no podía escaparme por el techo, tiraría la maldita cosa abajo y me iría caminando por la puerta grande. Y eso lo aseguraba como que mi jodido nombre era Alesska.

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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Máster el Vie Dic 14, 2012 11:24 pm

Martina escuchó atenta las órdenes de su superior y asintió a ellas sin siquiera tener tiempo de responder una palabra ya que Thomas se dirigió luego hacia otro sector. La pequeña musitó un segundo acerca de qué hacer con su espécimen. La observó unos instantes, pensativa, y de repente una idea se le pasó por la cabeza: Quizás podría, como quien dice “Matar tres pájaros de un tiro” y transportar a Alice hacia el laboratorio en donde se encontraban las mutantes. Pero ¿No sería acaso demasiada responsabilidad para la niña? ¿Sería ella capaz de manejar a dos poderosas mutantes y una nada tranquila cautiva? Claro estaba que tampoco podía dejarla sola allí. Quizás le aplicaría un tranquilizante para que sea más fácil manejarla, o la transportaría directamente en ese estado. Estaría en ella el tomar la decisión adecuada…

Al mismo tiempo, Ginebra usaba su silbato repetidas veces con la esperanza de que su perro pudiera asistirla, aunque a Alesska no le agradaba demasiado el sonido que emitía el objeto. Se sintió aturdida y se creó cierto clima hostil entre las mutantes. Entre intentos de violar la seguridad de la sala en donde estaban, e interacciones entre las mutantes, la pequeña Martina se adentraba hacia el laboratorio. Un par de ayudantes miraban la interacción y acciones de las mutantes con gestos entre sorprendidos y temerosos, y cuchicheaban entre ellos qué sería lo correcto hacer. La entrada de Martina los alertó e inmediatamente estuvieron a sus órdenes.

Las mutantes no veían en el vidrio nada más que su reflejo, ahora resquebrajado por el golpe que Alesska había propinado. Sin embargo desde el lado del laboratorio se podía ver con claridad todo lo que ellas hacían. El silbato que Ginebra tenía en la boca llamó la atención de Martina, quién se preguntó si su manera de actuar era parte de una mentalidad traumatizada o si lo que hacía tenía algún fin. No le fue nada difícil distinguir que se trataba de un silbato para perros. Las conjeturas comenzaban a invadir la cabeza de la pequeña.

En tanto los nervios –y las groserías- de Alice sólo parecían aumentar ante la situación, y lo que podía vislumbrar desde su posición. Pareció ser que el incompetente de uno de los guardias no tomó las medidas necesarias a la hora de amarrarla, ya que en una sacudida el amarre que inmovilizaba su brazo izquierdo se soltó ligeramente. No era cuestión de hacer mucho más para que liberara ese brazo. Si se movía con cautela podría aprovechar la distracción de los profesionales para terminar de liberarse. Irrumpir luego en los planes de los científicos o no, sería su decisión…

Martina observa la situación entre las mutantes con curiosidad, pero recuerda entonces sus órdenes y se dirige hacia las soluciones que Thomas le había preparado. Sin embargo no tiene oportunidad de hacer mucho más, ya que una pequeña luz roja sobre el vidrio de vista a la sala en donde estaban las mutantes se encendió y comenzó a parpadear. Los científicos retrocedieron; Martina no estaba exenta en saber el significado de esa luz roja: el vidrio de seguridad pronto se haría trizas. Y la verdad era que se había subestimado la fuerza de las mutantes, sobre todo si decidían trabajar en conjunto. Quizás con unos cuantos golpes más podrían llegar a romper el vidrio. Pero ¿Serían capaces ellas de entender que los fluidos que les habían inyectado las debilitaban? Por eso mismo con la fuerza de una no era suficiente. Muy sin embargo, ambas deberían dejar de lado su ego y trabajar en equipo. La pregunta es ¿Estaban dispuestas a hacerlo? Ginebra por lo visto parecía estar ensimismada en que su perro acudiría en cualquier momento, y Alesska se cansaba con facilidad ante cada golpe que intentaba dar al vidrio.

En los pasillos, Thomas recibió el impacto de la piedra que Alma poseía, de lleno en la nuca, como quien hubiera calculado precisamente ese lugar para golpearlo. Un quejido de dolor salió de la boca del hombre y por instinto llevó sus manos hacia la zona golpeada, soltando a Alma, quien no dudó en salir corriendo sin dirección, pensando en alejarse de Thomas. El muchacho cayó sobre una de sus rodillas y miró con furia a la chica alejándose de él. Unas finas líneas de sangre comenzaron a salir de su nuca, efecto de algún tipo de filo natural en la piedra. Maldiciendo, se reincorporó para perseguir a la religiosa pensando ya en cómo castigarla por tal acto de rebeldía.

Alma corrió, totalmente llevada por el miedo y la adrenalina. Sus rápidos pasos resonaban en el suelo metálico y todo lo que sus ojos veían era puertas, puertas y más puertas a ambos lados del pasillo. Debería elegir una. No porque fuera una opción, sino porque era la única opción; cosa que terminó de darse cuenta al estar a pocos metros de una pared que indicaba el final del pasillo, y otra puerta del lado derecho que a su parecer sería la que daba a las escaleras de emergencia… a su parecer… Alma debía tomar una decisión antes de que Thomas la alcanzara, y lidiar con las consecuencias de tal decisión luego…

En su camino en busca de Alma, Thomas pasó por el laboratorio en donde estaban los demás, y tuvo suerte de no ser golpeado por la puerta que uno de los ayudantes abría bruscamente para salir del lugar. Cuando se percató de Thomas, le pidió disculpas y no dudó en avisarle que algo andaba mal allí dentro.


Sobre el húmedo suelo de la oscura calle, cuatro patas corrían a toda velocidad. El animal jadeaba, agitado pero nunca rendido. No hasta acudir al llamado de su ama. Llegó así a la puerta principal en donde se cruzó con un guardia que vigilaba el lugar, a quién no dudó en atacar y alimentarse de él en poco tiempo. Sin entretenerse, siguió el rastro de su ama, que ya era capaz de olfatear. Con su hocico manchado de sangre y restos de órganos vitales, continuó su camino siguiendo el rastro de Ginebra, adentrándose en la sede de Alquimia S.A. Para el animal no significó nada, pero la puerta del edificio se cerró detrás de él, sellándose.

OFF-ROLL
Con motivo que los posts tengan un orden espacio-temporal coherente y para evitar confusiones, el nuevo orden será
*Martina
*Alice
*Ginebra
*Alesska
*Thomas
*Alma
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Martina Rocca el Lun Dic 17, 2012 4:37 pm

Bien, la mente de Martina había comenzado rápidamente a trabajar a 1000 % luego de ver la pantalla del computador y esas imágenes que mostraban mutantes fuera de su conocimiento hasta el momento.

Luego las órdenes de Thomas, la situación con Alice. No pudo evitar parpadear realmente rápido, como si su mente estuviera tratando de formar un plan de trabajo con detalles y formas de proceder seguras y eficaces.

Sólo asintió obedientemente ante las palabras de Thomas, entendía perfectamente que su jefe se mostrara furioso ante la inexplicable situación que estaba pasando. Teniendo que callar sus pensamientos y mordiéndose los labios acerca de lo que pensaba hacer con Alice, ni por nada del mundo dejaría que la chica tuviera algún contacto directo con las mutantes, la necesitaba viva y con la capacidad de responder sus dudas.

Decidió simplemente llevar a la chica en la camilla, no se arriesgaría a soltarla, a no ser que debíese ser necesario. Sacó una carpeta del escritorio, y las soluciones que su jefe le había indicado. Y partió obedientemente a la sala en donde se encontrarían las mutantes.

No pudo evitar observar con atención a aquellas criaturas, eran increíblemente interesantes y sus acciones la dejaban cautivada. Ni siquiera se dio cuenta que los del personal que se encontraban alli, habían detenidos sus cuchicheos cuando entró.

No tardó en dejar a Alice a un lado, cerca de ella, para contemplar las acciones de las mutantes. Decidiendo qué soluciones debía ocupar con ellas mirándolas cada vez de un lado a otro, sabía que sería difícil interactuar e incluso llegara un acuerdo mediante una conversación con ellas. Pero, quizás era inútil que pudiesen cooperar tranquilamente. Eligió unas soluciones debilitantes, era necesario.

Pronto su atención se centró en el silbato que seguía soplando Ginebra, sí, ella era muy interesante. Y para cuando se dio cuenta que el vidrio estaba en malas condiciones su mente hizo click. "Está llamando a un perro, estará cerca?" Pensó, preocupándose por un segundo por la seguridad de la sala, no alcanzó a dar un paso hacia atrás como sus colegas.

- Ustedes... necesitamos que los individuos no traspasen la barrera. - Dijo con voz algo autoritaria dirigiéndose hacia sus colegas molesta, caminando rápidamente hacia el panel de la sala de observación en donde se encontraban las mutantes. - No se queden parados allí, no pueden simplemente... - Se detuvo al escuchar la alarma del vidrio en mal estado. - Dios... - Agregó, presionando finalmente el botón que esparciría tranquilizante a la sala de observación en donde se encontraban las mutantes.

Vio como los conductos dispersaban el tranquilizante, y a pesar de que el miedo aún no la invadía, sintió la piel de su nuca erizarse. Esperaba que eso detuviera las acciones de las mutantes, por lo menos les daría tiempo de planear algo más concreto.

Volteó a ver a Alice, tendría que dejarla libre, esto se estaba poniendo peligroso y la necesitaba con todos sus sentidos. Caminó ahsta ella, dándoles una leve mirada de odio a aquellos colegas que no había hecho su trabajo.

- Alice... - Dijo, a la vez que trataba de soltar las amarras que tenían prisionera a su juguete. Ni siquiera había notado que tenía la amara del brazo izquierdo suellta. - No voy a inyectarte nada, pero a cambio debes ayudarme... - Le soltó las amarras de los brazos. - Hay algunos incompetentes por aquí... y creo que me puedes ayudar... - Continuó hablando sin mirar hacia ningún otro lado. - ¿Me ayudarás o no? - Le preguntó a la chica, mirándola a los ojos con curiosidad y algo de ¿confianza?
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Alice Maxwell el Lun Dic 17, 2012 11:32 pm

Me parece que alguien tiene un mal día, grandísimo idiota ¿Arrancarme las cuerdas vocales?… ¿Qué mierda crearon ahora? Estos incompetentes han asimilado demasiado bien el concepto de “daño colateral” y lo ponen en práctica a diario; aún así, justo ahora estoy más molesta que preocupada… ¿Juguete ha dicho? ¿Por qué todo el mundo me ve como una simple cosa?

Date prisa guapo, no querrás que la situación se te escape de las manos.— Murmuro ácidamente.— ¡Oh! Espera un momento, ya lo hizo… hace mucho tiempo.

El cretino se marcha, tan abruptamente como llegó, y ahora en quien debo centrar mi atención es en Martina, el sujeto ha mencionado que traerán mutantes hasta aquí… ¡Dios! ¿Qué clase de imbécil podría acercárseles por propia voluntad? Lo peor del asunto es que la pequeña continúa sin la más mínima intención de soltarme.

Comienzo a removerme contra las ataduras nuevamente, más por desesperación que por la intención de soltarme; sin embargo, no llueve todos los días y, contra todo pronóstico, una de las amarras cede ante mi presión… Sólo se necesitaría un movimiento bien ejecutado y tendría el brazo izquierdo libre. El repentino giro de los acontecimientos, en mi favor para variar un poco, me ha tomado por sorpresa; no tengo un plan en mente y, tristemente, me parece que mi mejor opción es esperar a que se presente la oportunidad indicada. Mientras soy conducida hasta otra instalación considero la información con la que cuento; no sé como salir del jodido edificio, algo muy malo esta ocurriendo y están por traer a dos mutantes… ¡Mierda! Y por si eso fuera poco, además tengo que agregar a mi pequeña y loca hermana a la ecuación.

Suspiro para darme animos, ya no puedo esperar por el momento adecuado, como están las cosas simplemente tengo que arriesgarme ahora o resignarme a desfilar cual cordero al matadero. Hemos llegado al destino y estoy a punto de zafarme de la atadura cuando una fisionomía familiar llama mi atención, de inmediato me detengo... Es Ginebra, estoy segura ¿Qué mierda hace ella aquí? Entonces caigo en cuenta de que ella es una mutante, al igual que la joven que le acompaña, quien luce una considerable cola… ¡Cola! ¿Pero que demonios han creado?

La voz de Martina llega hasta mis oídos de manera muy vaga, noto que está soltando mis amarras pero no puedo dejar de observar a las chicas tras el cristal, encerradas como animales ¿Qué han hecho ellas para merecer un destino así?... Entonces la pregunta de la niña retumba en mis odios.

¿Ayudarte?— Claro que podría ayudarle, de hecho podría ayudarnos a ambas y sacarnos de este maldito edificio de una vez; sin embargo, imagino que ella se refiere a otro tipo de ayuda.— ¿Ahora me quieres como carnada?— Le espeto molesta, ya he sido menospreciada lo suficiente.— Claro que puedo ser más útil que cualquiera de estos incompetentes pero… ¿Qué gano yo? El hecho de que decidas dejarme fuera de tus experimentos no cuenta, pues me parece que es el mínimo acto de cortesía que deberías de tener con tu hermana.

Si, no ha sido la mejor manera de darle a conocer nuestro parentesco pero parece una niña fuerte, seguro se recompondrá pronto. Estoy libre de mis ataduras y esta se perfila como mi mejor oportunidad de escape pero… No puedo simplemente marcharme, hay dos niñas a las que no puedo abandonar; Martina es mi hermana, sin importar nada, y a Ginebra se lo debo, no puedo dejarle aquí a merced de estos desquiciados.

Te ayudaré pero necesito saber que es lo que pretendes hacer con ellas.— A la mierda los planes, mi estilo siempre ha sido más de improvisar.
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Ginebra Beckett el Mar Dic 18, 2012 12:15 am

Sentí la garganta reseca, recordé por que me habían capturado, estaba a punto de alimentarme, pero no pude saciar mi hambre, necesitaba ingerir algo antes de que me ciegue la sed, antes de que trate de alimentarme de la mutante que tenía al lado mío, aquella que tanto temor me causaba.

Mas nerviosa me puse cuando se despertó, trate de no prestarle atención y seguí con mi silbato, golpeando el cristal que poco a poco se desquebrajaba. Un gas horrible comenzó a salir por la parte alta, aquella mutante me habló, yo hice de cuenta que no existía, quería salir del lugar a como de lugar y no podía dejarme llevar por el miedo. Dejé de soplar, mis oídos escucharon lo que quería, el aullido de mi hermoso perro, él venía a mi rescate.

Traté de permanecer agachada, el olor efectivamente era más droga, una que nos mantenía sedadas. Los gritos por fuera hicieron que esboce una gran carcajada,reí, grite de felicidad. Apoye mi cara contra el cristal tapando con mis manos, intenté ver a través de él, noté cada partícula que lo constituía, cada rajadura que tenía, esa luz roja que indicaba su miedo. Sonreí -Me voy a alimentar de ustedes, si, si, eso haré dije muy tranquila a aquellas personas que permanecían del otro lado, prácticamente en forma de un canto.

Al fin, él había llegado, los gritos de las personas, el desgarro, la sangre cayendo al suelo. Tosí por el gas que inhalaba, el cristal débil de nuestra prisión no iba a ser gran dificultad para él, no estaba drogado, su fuerza estaba en su plenitud, seguía alimentándose. -Cúbrete la cabeza le dije a la mutante al mismo tiempo que me ponía en posición fetal en una esquina. El salto de mi perro fue lo mas hermoso que había visto en mucho tiempo. Los cristales cayeron a nuestro alrededor, brillando por la luz del lugar, sonando como si fuesen cascabeles, unos afilados y dolorosos cascabeles.

El llanto de mi perro al verme, sus besos, frotó su cabeza contra mí, ya estaba en buenas manos, yo a penas podía mantenerme de pié. Como pude, subí a su lomo, una de las facilidades de tener un perro mutante, es que su tamaño es mucho mayor que al de los demás. Eramos él y yo contra el resto, como siempre lo fue y seguirá siendo por el resto de nuestros días. Saltamos sobre los guardias que pretendían detenernos, ilusos. Me alimenté como pude, mientras recobraba lentamente mi estabilidad y fuerza. Reí, grite, bailé entre toda la sangre a mi alrededor, el lugar era nuestro y nadie nos podía detener.

-Es la hora de la venganza dije mirando a aquella mutante, quien tranquilamente pudo haberme atacado, pero no lo hizo. Subí nuevamente al lomo de mi perro y nos fuimos por la puerta hasta el cuarto contiguo. Su voz, su olor, ella estaba ahí, pero ¿Por qué? Entré al lugar en donde veían cada cosa que hacíamos, dos muchachas tenían el mismo aroma, una niña y mi hermosa muñeca de porcelana, Alice. Mi cabeza se llenó de preguntas ¿Ella tenía algo que ver con todo esto? El perro comenzó a gruñir con fuerza, cualquier persona que se me acercara lo iba a lamentar, pero claro, no iba a dejar que atacara lo que me pertenecía.
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Alesska Fölger el Sáb Dic 22, 2012 8:59 pm

Maldita mocosa molesta. Si no fuera porque probablemente me atacaría, y eso haría que yo la atacara de regreso, y nos mordiéramos y eso tendría como consecuencias nuevas mutaciones, ya la hubiera golpeado y dormido de un encantador knock out en toda la extensión de su nuca. ¡Y dale con el silbatito! Le haría tragar la maldita cosa si no se callaba de una vez; Pero entonces como si me leyera la mente… Silencio. ¡Ah que placer! Ahora podía escuchar todo a mí alrededor. Parecía que mi suerte me jugó a favor, o la susodicha se dio cuenta de que estaba molesta, dado que la estuve mirando con una expresión letal durante todo el rato.

A la vez que ella golpeaba el cristal, yo hacía lo mismo, embistiéndolo con fuerza con todo el peso de mi cuerpo, puesto que sentía cada extremidad tan pesada como un yunke. Como era de esperarse, el vidrio comenzó a resquebrajarse, hasta que estuve segura que, con uno o dos golpes más, se rompería dejándonos libres. Bueno... Tan libres como uno puede ser dentro de las instalaciones de Alquimia. Lo que a mí personalmente, me jugaba a favor; Sabía exactamente a donde dirigirme, a quien buscar y que hacer luego, para salir a la superficie, y marcharme lejos de esta maldita jaula de contención.

Extendí mis sentidos, oyendo ritmos cardíacos desacompasados y respiraciones agitadas, claramente los científicos observando detrás del vidrio que nos contenía. Y sabía exactamente como interpretar eso. Miedo. Miedo en su máximo esplendor. Me tensé, molesta, al oler el aroma inconfundible de un gas paralizante, o un tranquilizante. ¿Querían jugar rudo? Rudo jugaríamos. Inhalé profundo y sonreí. Lo bueno de ser en parte anfibio, era que no necesitaba respirar del todo. Y entonces comenzó el verdadero juego. Gritos al otro lado. El sonido inconfundible de chasquidos y mordidas. La mutante pegada al vidrio casi destruido y el aroma a óxido y sal de la sangre... ¡Hum…! Parecía que estábamos en la fiesta, pero del lado equivocado. Negué levemente al oír la voz de mi acompañante y luego sonreí encantada frente a las palabras que les dedicó a nuestros voyeurs. Eso la hizo sumar puntos. – Pero que niña más encantadora. - Dije con un tono dulce, como si hablara con un pequeño infante.

Entonces algo que no reconocí comenzó a hacerse notar. Pude oír una respiración agitada, el sonido de pasos fuertes, algo como… ¿un caballo? No, no era un caballo, pero definitivamente eran cuatro patas. Y cuatro muy fuertes patas. ¿Que demonios era eso? No tenía idea; Pero si de algo estaba segura, es que venía hacia nosotras. Obedecí a la chica acuclillándome en una esquina del lugar, justo a tiempo para ver a un perro… y que digo perro, eso era como una mezcla de perro-caballo, atravesar el cristal. El estallido del vidrio al romperse fue el sonido más encantador que oí desde que había despertado. Y dejándome completamente anonadada el animal se dirigió a la mutante. Parecía su mascota. Una gran, agresiva y mutante mascota. La vi marcharse y dejar atrás un científico masacrado y unos cuantos guardias muertos.- Ah, eres un encanto pequeña~- Dije a modo de despedida.

Y entonces, el sonido del sellado de las puertas. Peligro biológico. Lo había escuchado miles de veces en mi vida. Sabía quien tenía la solución a eso. Salí de la celda, con la cola apuntando amenazante a todos los que se me cruzaban, y por ende logrando que salieran de mi camino. Necesitaba una llave para volver a huir. Una vez en el pasillo volví a intentar la ingravedad. ¡ Éxito!Al parecer su sedante perdía fuerza; Corrí por las paredes, dirigiéndome a su laboratorio. Pero su rastro, y su aroma me llegaron antes de lo planeado. Y era bastante… fuerte, era tan fuerte como si oliera su... Su sangre. ¿Lo habían herido? Eso me agradaba más de lo que debería, pero así era, el muy maldito había tenido su merecido al parecer. Corrí siguiendo su rastro y sonreí, al verlo de atrás, aferrándose la nuca sangrante. - Nos volvemos a ver Thomy.- Dije, antes de saltarle encima picándolo deliberadamente en el cuello. ¡Mierda, no tenia la llave ahí!. Bueno, esto se me haría interesante. - Tú y yo nos iremos de aquí. Asique si no quieres que te mate, y creéme lo haré si es necesario, empieza a usar tu avanzada mente para sacarnos rápido de aquí. Y no te hagas el estúpido, que no estoy de humor.- Sentencié amenazante. Él siempre fué un chico inteligente. Sabía que haría lo que le convendría, y definitivamente sacaría provecho de ello.
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Thomas A. King el Dom Dic 23, 2012 9:16 pm

El golpe en la nuca fue algo de lo que podría tranquilamente haberme percatado con anterioridad, pero mis nervios me jugaron en contra. Maldita perra. ¿Quién se creía para herirme de esa manera? Un quejido salió de mi boca a la vez que caía sobre mi rodilla. El impacto no fue tal como para hacerme caer de boca al suelo… por suerte. Alcé la cabeza con una mirada furiosa que se centró en la rubia que ahora corría delante de mí buscado quizás una escapatoria de este lugar. Insulsa…

Me incorporé rápidamente y comencé a correr en su dirección. En mi cabeza comenzaban a formarse ideas de las posibles torturas que le haría pasar a esa muchacha: experimentaría con su psiquis, ¿Le gustaban las piedras?... quizás eso sería lo que tendría… -¡Desgraciada, ven aquí!- Podría haber pedido seguridad, pero estaba seguro que podía manejar el tema por mi cuenta.

No tanto así cuando pasando por el laboratorio me crucé con los guardias y pude percibir la alarma de peligro biológico sonando con potencia. -¡Quítense entonces de aquí y hagan algo productivo! ¡Vayan a por esa mocos…- y en medio de mis órdenes fui interrumpido por una criatura aferrándose a mí por mis espaldas. No. No era una criatura. Su esencia, su manera de posicionar las manos en puntos estratégicos de mi cuerpo. Su tacto, su aroma y su voz lo terminaron de confirmar: Alesska.

La escuché mientras que mi cuerpo se sacudía ligeramente por acto reflejo. ¡¿Cómo me había llamado?! ¡Maldita perra! Giré mi cabeza mirándola con odio por unos instantes y respirando con fuerza haciendo que mi aliento chocara contra su rostro. Luego, simplemente ensanché mis labios y esbocé una sonrisa –Alesska… Tú nunca me decepcionas…- acaricié sus manos ligeramente con las mías y en ese momento me giré ligeramente y me tiré con fuerza contra la pared haciendo que su cuerpo chocara contra ella. Aprovechando el impacto y la ubicación de mis manos sobre las suyas la tomé de allí y la alcé por sobre mi cabeza, tirándola contra la pared de enfrente del pasillo. Tenía suerte que los tranquilizantes todavía estuvieran cumpliendo su efecto aunque el plazo ya estaba por terminarse.

Sabiendo el peligro al que me exponía pero también conociendo sus puntos débiles la tomé de la cola y se la apreté -No soy ningún idiota. Creí que me conocías. Pensaba tener una charla más amena contigo pero veo que no será el caso. Compórtate si no es que quieres que te atrape con las redes que de seguro ya has conocido- indiqué percatándome de la marca que la misma había dejado en su cola. Pero no tuve mucho tiempo de más. -¡Tranquilizantes! No se les ocurra herir a estos mutantes- ordené en un grito. -…mucho- agregué.

Solté a Alesska dejando que los ayudantes se encargaran de mantenerla inmovilizada. Sabía que no durarían mucho pero al menos me serviría para ver qué demonios sucedía dentro del laboratorio, aunque ya me lo imaginaba… No, lo que no me imaginaba era ese maldito canino que casi me había matado la última vez. –Martina, necesitaremos armas… sabes dónde encontrarlas. No debo decirte que deberías darte prisa ¿Verdad?- ordené lanzándole una mirada fugaz a la niña que se encontraba junto a la maleducada… libre. -¿La soltaste?- arqueé una ceja. Pero no hubo momento de más charla ya que el maldito perro se abalanzaba sobre mí una vez más. Lo esquivé, y aproveché el momento para desenfundar mi cuchillo. –En casa no…-musité corriendo hacia él al mismo momento que él hacia mí.


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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Alma Goethe el Vie Dic 28, 2012 12:47 am

Já. Una sonrisa boba no tardó en aparecer en el perdido rostro de Alma al ver caer al hombre fruto de su pesado golpe; todo, tarde o temprano caía por su peso. Corre, susurraba aquella voz, aquella piedra que le estaba hablando en esos instantes y no tardo en largarse a correr sin norte alguno. Las puertas eran borrones en los ojos confundidos de la chica; más no significó nada.

Se subió el pañuelo, como si eso pudiese protegerla de algo mientras se daba cuenta de que el pasillo había llegado a su final, ¿ahora qué? Alma era instinto puro, se sentía como un animal acorralado, y solo por reacción, no se aventuró a pasar por la puerta que llevaba supuestamente a la salida de emergencia; decidió que si saldría, sería por donde había entrado. Basta de sorpresas.

Se volvió por los inmaculados pasillos, siguiendo sus propios pasos, con el suelo sonando a sus pies a cada paso que daba pero no retrocedió mucho más, ya que se decidió a pasar por una puerta, igual a todas las que había encontrado solo por miedo a que fuese encontrada por alguien más. Cerró la puerta con la mayor delicadeza posible, pero no pudo evitar sonar.Cuidado, cuidado, sonaba aquella voz en su cabeza que atribuía a la piedra mientras se giraba sobre sus talones y echaba un rápido vistazo al lugar. Era una sala, de laboratorio llena de indumentario médico y de camillas tapadas con una especie de plástico transparente.

La sala era grande, y las camillas iban en hileras, separadas unas de otras y con tubos colgando de algunas mesas; más solo una pudo llamar su atención. Había una camilla que estaba resaltada por una silueta, y aquel plástico transparente estaba algo manchado de sangre. Como un animalillo, Alma se acercó curiosa y sin miedo se apoyó para echar un vistazo; era un cuerpo demacrado, a simple vista le faltaba unos pedazos de piel dejando a ver la pútrida carne. Era alguien irreconocible, pero la chica tuvo que taparse la boca para aguantar la risa que venía de manera incontenible.

Desenvolvió su bisturí de su bolsillo y se acercó lento. Había olvidado la situación por completo, la sangre la mantenía absorta, confundida y como una polilla a una lámpara, se aventuró a sacar el plástico del supuesto cadáver. Alma había tomado la costumbre de jugar con las cosas muertas; pero no era el momento ni el lugar.


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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Máster el Lun Dic 31, 2012 12:22 am

lanzada de dados:
Tirada de iniciativa
de 1 a 5: ataca Thomas
de 6 a 10: ataca el perro de Ginebra
Los niveles de daño seran calculados en un rango de 5.
Siendo el caso de Thomas: 1 menor daño en aumento de intensidad hasta 5.
En caso del perro de Ginebra: 6 menor daño aumentando su intensidad hasta 10.

El envión tomado por el perro de Ginebra se vio disminuido debido a la presencia de la mutante en su lomo, cosa que el animal no tuvo oportunidad de medir dado su nivel de adrenalina. Es así como Thomas consigue esquivarlo y al momento hacer un movimiento con su cuchillo, rasgando el costado del perro con un corte de unos quince centímetros de longitud. Aunque el envión tomado por el perro consiguió que Thomas no hundiera su cuchillo en demasía.

Thomas chocó contra el torso de Ginebra, empujándola inconscientemente al hacer contacto con ella. El cuerpo del muchacho fue detenido por una mesa que le sirvió para evitar una caída. Ginebra por su parte cayó de lleno impactando contra Martina, quien se encontraba dirigiéndose a la salida de laboratorio para seguir las órdenes de su superior. La ira se apoderaba de la mutante al ver sus actos fallidos y al escuchar el sollozo de su perro quién ahora perdía sangre por su herida recién abierta. Pronto perdería el control si no era que así ya lo había hecho.

¿Qué sería lo correcto para Alice ahora que se encontraba libre de ataduras? La situación no le dejaba muchas opciones: estaba en ella el decidir si arriesgaba su vida por la de Martina, o si tenía las agallas para pasar por encima del perro herido que se encontraba en su camino pero que bramaba de la ira.

En los pasillos Alesska se vio interceptada por dos científicos que la tomaron de un brazo cada uno aprovechándose del pequeño momento de debilidad de la muchacha. La mutante claramente mucho más fuerte que esos científicos logró hacer volar las jeringas con tranquilizantes que tenían en sus manos, y la ira en ella sólo provocó que terminara con la vida de ambos de la manera que ella considerara propicia. Sin embargo antes de morir, el último científico lanzó hacia la muchacha un pequeño dispositivo que se aferró a la rodilla de la muchacha haciéndola caer. Una red salió disparada del dispositivo y se enredó en la parte baja de sus piernas y sus pies, incluyendo su cola, comenzando pronto a hacer presión.

Afortunadamente para la mutante, todavía conservaba sus manos libres. Quizás encontraría algo en el equipo de los científicos sin vida que la ayudara a librarse de sus redes.

En su desesperación, Alma encontró una habitación con ciertos especímenes en camillas. Su curiosidad y sus ganas de jugar no fueron precisamente una ventaja: lo que ella consideró como muerto pronto reaccionó al contacto con su bisturí. Una deforme criatura emitió un sonido gutural similar a un grito ensordecedor, y rápidamente se incorporó tomando a Alma por los hombros. Hundió los dedos en la muchacha de tal manera que luego causarían moretones y marcas, y luego de hacer fuerza con otro sonido que emitía mezclando dolor y furia, levantó a la rubia ligeramente y la revoleó con fuerza haciendo que ésta chocara contra la puerta por la que había entrado.

En el interior de la sala, el mutante se acercaba gateando muy lentamente hacia Alma, emitiendo rugidos de dolor a cada paso.

OFF- Rol: El orden se mantendrá igual al anterior.


Última edición por Máster el Lun Dic 31, 2012 12:59 am, editado 1 vez
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Luciano Jaume el Lun Dic 31, 2012 12:22 am

El miembro 'Máster' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados

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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Alice Maxwell el Sáb Ene 05, 2013 6:02 pm

Estaba libre, pero eso no suponía gran diferencia ¿Cómo demonios se supone que saldríamos de aquí? No he tenido tiempo de procesar que es lo que ha ocurrido dentro de la habitación donde tienen a las chicas, una especie de animal ha entrado y todo se ha puesto algo loco; entonces ingresa el cretino dándole órdenes a mi hermana.

Quiero escupirle alguna frase hiriente, algo que me permita librarme un poco de la impotencia de estar atrapada, pero no se me viene nada a la cabeza y para cuando me quiero dar cuenta hay un… ¿Perro? Si, eso parece… hay un perro gimiendo de dolor y dando dentadas a diestro y siniestro; el grandísimo idiota ha ido a dar contra una mesa al chocar con Ginebra y, esta a su vez, ha terminado sobre Martina. ¡Mierda! Esta es una jodida pesadilla, una de la que no puedo despertar por mucho que así lo quiera.

Corro hasta las niñas y ayudo a que la mutante se incorpore, acto seguido cojo a Martina por un brazo y la oculto tras de mí, temerosa de la reacción que pueda tener la rubia.

No esperaba verte aquí. ― Le suelto con toda la calma que puedo aparentar. ― ¿Viene contigo? ― Señalo al animal y, recién ahora, me doy cuenta de que la herida se la ha propinado el sujeto. Quizá podría intentar coserle, seguro que los implementos necesarios se encuentran no muy lejos y… Un momento, es un mutante ¿no? No necesita de mi ayuda, lo más probable es que se regenere muy pronto y entonces... ¡Mierda! Tengo que sacar a Martina de aquí.

Voy a sacar a mi hermana de aquí. ― Le digo entre susurros a la rubia. ― Eres más que bienvenida de acompañarnos si lo deseas. ― Era un gran riesgo, eso lo sabía pero… ¿Simplemente dejarle? No, lo primero era mi hermana pero tampoco iba a dejar a una niña, por mucho que ella pudiera defenderse y contara con un perro mutante, a merced de estos “Científicos.

Rápidamente me levanto y comienzo a dirigirme hacia la puerta por la que intentaba salir Martina hace unos momentos, siempre procurando que ella está tras de mí; así puedo protegerle en caso de que la situación se ponga peor. Justo ahora mi mayor preocupación es el perro, espero que nos dé tiempo de alejarnos antes de que se recupere por completo; así mismo espero que si Ginebra no planea venir con nosotras, cuando menos no se cruce en mi camino. En cuanto a Martina, voy a sacarle tanto si lo desea como si no.
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Ginebra Beckett el Sáb Ene 05, 2013 7:35 pm

Eramos nosotros cuatro, estaba a punto de hablar con mi dulce muñeca de porcelana cuando el imbécil de Thomas entra al lugar, estaba empecinado en tratarme como un animal, pero yo le iba a demostrar quien si lo era. Mi hermoso sintió mi corazón, la adrenalina correr por mi cuerpo, él sabia bien que quería degustar de su asquerosa sangre, por lo cual, no espero una orden para ir al ataque. Nunca hace eso, siempre me espera, era sabido que Thomas estaba armado. -¡¡NOOO!! le grité, pero ya era demasiado tarde, estábamos en el aire ¿Que había pasado? yo era mucho mas rápida para dar una orden, él no actuaba por reflejo al menos que yo se lo ordenara.

Lo siguiente fue mas raro aún, sentí el cuchillo como si me estuviesen hiriendo a mi misma, luego el cuerpo de Thomas me hizo volar de mi lugar, otra cosa que jamás pasaba, al estar preocupada por mi hermoso baje la guardia, por ultima vez. Impacté contra la Alquimista menor. Alice, la hermosa me ayuda a incorporarme, protegiendo a la niña con su propio cuerpo ¿Pero por que? La observo entrecerrando los ojos, para luego responder, -Si de una forma muy seca, no por ella, sino que inmediatamente corrí en dirección a mi hermoso para ver su herida. La rabia se apoderaba lentamente de todo mi cuerpo como si fuese fuego quemándome internamente desde mi pecho, hasta cada extremidad. Mis ojos se oscurecieron, mi lado mutante estaba a flor de piel, no iba a permitir que dañen a lo que me pertenecen. Observé a Alice y tan solo asentí con la cabeza, lo mejor era que se marcharan del lugar.

Una vez que nos quedamos los tres en el cuarto, me puse de pié, sentía el olor a la herida, como lentamente comenzaba a cicatrizar, pero el dolor no iba a calmar por unos minutos. Miraba el suelo, mis cabellos cubrían mi rostro, mi respiración se aceleraba al igual que el latir de mi corazón, cualquier sucio humano podía escucharlo. Dí unos pasos hacia adelante, -Una vez te perdone la vida Thomas dije en un tono serio y calmado -Esta vez te metiste con lo que me pertenece. Lo miro fijamente -Son MIS reglas las del juego y TU haces trampa. Corrí con la velocidad que solo yo podía tener, era imposible de que me vea, cuando me encontré a una distancia corta alce mi mano golpeando su mandíbula con mi muñeca, haciendo que éste volara y cayera al suelo. Aprovechando la situación lo patee tres veces en sus costillas, sentí como ellas se movían al punto de quebrarse, pero no quería eso, su dolor iba a satisfacerme en gran medida.

Era una mutante enfurecida, mis ojos exclamaban sangre al igual que mi garganta, me senté sobre él, apretando su torso con mis piernas, sostuve sus muñecas con mis manos y me puse en frente de su cara. Mi rostro tenía sangre ya un poco seca de los guardias que había asesinado, le mostré mis dientes, perfectos, enrojecidos.

lanzada de dados:
Voy a ser un poco buena, que los dados decidan el daño causado Smile
Maldito! ¬¬

-No te voy a matar Thomas le dije en un susurro -Pero si lo vas a sufrir, mucho. Pose mi boca en su cuello, mis dientes sintieron su piel, utilicé todo mi auto control, no lo quería desgarrar, eso lo mataría. Lo mordí, sentí su sangre correr, empapando mi boca nuevamente. Solo fue un rasguño, bueno no, un poco mas que eso, arranque un poco de su piel, pero nada grave, luego comencé a lamer su herida ensalivando con fervor mientras bebía de su sangre como si fuese un maldito vampiro. -Game Over Thomas. le dije en su oído y me levante.

Fui con mi hermoso que lentamente se incorporaba, era un animal muy fuerte, pero su herida no iba a cerrar por el momento. Me subí nuevamente a su lomo y con mi pierna cubrí su tajo, si ese ahora era su punto débil yo lo iba a proteger. Encaramos la puerta para irnos, mientras el científico loco aún seguía en el suelo, giré mi cabeza para mirarlo. -Bienvenido a mi mundo Thomas. Le dedique una sonrisa al suelo y volví mi mirada hacia él -Si es que sobrevives, claro. Lo bueno de ser mutante, era que las heridas recién hechas por mí, le iban a parecer simples caricias en un futuro, pero su ego no lo dejaría jamás ser un mutante, el ser que desprecia. Nos fuimos del lugar, entrando al pasillo, en donde lo que vi me sorprendió aun mas que todo lo recién ocurrido.
-¡Mierda!


Última edición por Ginebra Beckett el Sáb Ene 05, 2013 7:46 pm, editado 1 vez
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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Luciano Jaume el Sáb Ene 05, 2013 7:35 pm

El miembro 'Ginebra Beckett' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados

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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Martina Rocca el Dom Ene 06, 2013 8:08 pm

Lo primero que escuchó fueron los gritos de su jefe, casi reclamándole y luego ordenándole. Sabía que él tenía razón, pero las cosas estaban algo alteradas y ella misma no sabía bien como reaccionar.

El perro, la mascota de la mutante suponía, al ver cómo el especímen llamado Ginebra iba a ver a su perro, después de recibir su cuerpo hecho un verdadero proyectil encima. El aire por un momento se le fue, debido al dolor que sintió en su pecho después del golpe. Respiró agitada, y tratando de evaluar situación con su mente corriendo a mil por hora.

Cuando Alice le ayudó a incorporarse y la dejó detrás de ella, se tomó el pecho, era más el dolor que el miedo, en ese instante en realidad no pensaba en el miedo sino en cómo resolver el desastre que se había producido en aquella habitación. No tardó en divisar, por un costado del cuerpo de Alice que su jefe estaba sufriendo una paliza y una peligrosa mordida que seguramente causaría la infección inminente. Abrió los ojos como plato, tapándose la boca para no gritar. Ahora sí, el temor la estaba invadiendo.

El agarre de Alice, mientras la arrastraba para salir de la habitación le hizo enojar. Necesitaba ayudar a su jefe, y debía de alguna manera poder hacer algo útil. Cuando estuvieron en el umbral de la puerta, se sacudió un poco del agarre de su ahora hermana, yendo al panel que había en la pared. Presionó unos botones, necesitaban guardias armados en la habitación, y sólo estaba dando una señal para que viniesen al sector, y una dosis de aquellos sueros que Thomas había dejado en la sala de muestras, a una sala de la habitación.

- Alice... necesito buscar unos sueros, Thomas va a morir si no los traigo... - Dijo, indicándole con el índice dónde debían ir. - Tengo que ayudarle a mi jefe... se lo debo... - Comentó un poco más conpungida que antes, agarrándose del brazo de Alice con algo de miedo. - Por favor... ayúdame... - Pidió mirándola con intensidad y cierto aire de inocencia.

Miró hacia atrás, observando el estado de Thomas, se veía muy mal. Debía actuar rápido, o de verdad Thomas iba a morir en esa habitación. Miró a Alice, parpadeando rápido y luego se sacudió para que la soltara. Y caminó hasta donde le había indicado a ella, unos aso hacia allá solamente.

- ¡¿Vas a ayudarme o no?! - Preguntó algo molesta, volteándose a verla desde donde estaba. A un paso de la puerta de la sala, abrió rápidamente y se escabulló ahi dentro. Revolvió algunas cosas, abriendo la heladera en donde se encontraban los sueros y sacó varios tubos rápidamente como si se supiera de memoria el orden. - Aquí están... - Dijo, guardándolas en un bolsillo de su bata, para después tomar unas cuantas jeringas nuevas y selladas y salir de inmediato.

Casi corrió hasta la sala en donde estaba su jefe, dejando de lado si Alice le ayudaba o no. Se acercó a Thomas, cuidando de no tener cerca al especímen que lo había mordido.

- Sr. King... - Murmuró, mirando la herida en su cuello, bastante desastroso en realidad. Se agachó con cuidado. - Déjeme ayudarle... - Sacó un tubo con uno de los sueros, y abrió una de las jeringas nuevas, llenándole con el suero y luego dándole un golpecito para después posicionar la aguja cerca de la herida. - Dolerá un poco, pero detendrá todo al menos por unas 2 horas... Sr. King... - Musitó, inyectándole el suero, con cuidado pero bastante rápido, no debía perder tiempo.


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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Thomas A. King el Jue Ene 10, 2013 10:52 pm

Bien, había conseguido sacar al sucio perro de mi camino y entre tanto propinarle una herida significativa, aunque lamentablemente no mortal. Si la mutante no hubiese estado encima del animal al momento del ataque mi acción hubiera resultado perfecta. Pero no, allí estaba ella siempre arruinándolo todo.

Choqué contra una mesa, y me tambaleé por unos instantes mientras me aseguraba de tomar con fuerza mi cuchillo para que el mismo no cayera. Necesitaba de él más que nunca. Lo próximo sucedió más bien rápido que pausado: Esa mujer cruzando palabras con Ginebra. ¿Acaso se conocían? ¿Qué demonios…? Fruncí el ceño pero antes que pudiera pronunciar palabra alguna la mutante estaba justo en frente de mí.

Su rapidez era increíble, no tuve tiempo de reaccionar ni siquiera ante el dolor que su muñeca produjo al chocar con mi mandíbula y hacerme caer al suelo. Sólo me hice consciente de aquel dolor cuando quise abrir la boca para lanzar quejidos por las puntadas que recibía una y otra vez en mis costillas. Maldita pendeja, se estaba propasando demasiado ya. La miré con furia.

Se sentó sobre mí y me impidió moverme agarrándome de las muñecas en inmovilizándome. -¡Tú, maldita niñata malcriada!- llegué a musitar con la furia expresa en mis ojos. La escuché luego, y vi venir su próxima acción. Me moví con más fervor, pero no pude evitar que me mordiera. –¡N-Nooo!- llegué a gritar al sentir el filo de sus dientes en la carne de mi cuello. Ardía, ardía muchísimo. Su saliva sobre mi carne viva ardía tremendamente. -¡Dentente!-

Parecía estar muy divertida con lo que hacía, la maldita lo había planeado todo. Seguramente tenía todo planeado desde ese primer encuentro que habíamos tenido. No quería matarme, oh no, ella quería que yo sufriera lo mismo que ella. Me acerqué a la mesa que tenía cercana y me senté mientras la veía alejarse -¡Te arrepentirás de esto maldito juguete defectuoso! ¡Juro que te arrepentirás!- le grité, ahogando mi última frase debido a un ataque de tos.

Respiré con rapidez. La última dosis que me había inyectado prometía mantenerme a salvo de los mutantes que controlábamos dentro de la planta, pero ¿Lo haría con los del exterior? Necesitaba un refuerzo… o varios. Quizás tomar muestras de mi propia herida para analizar la compatibilidad del adn de su saliva y su relación con mis tejidos y mi sangre. Mi cabeza trabajaba a mil por hora.

Una punzante sensación me llevó de nuevo a la realidad, y encontré a Martina inyectándome un suero. Siempre tan eficiente la pequeña. –Ya, inyecta todo el contenido ¡No es momento de ser sutil!- le respondí. Quizás había sido algo grosero. La niña no lo merecía. Por lo cual ni bien terminó de inyectar la cura, le hice una pequeña caricia en su mano. –Gracias.- le dije sin perder mi seriedad y con un tono firme. –Ahora vamos, hay que poner orden de una puta vez en este lugar.- me puse de pie sosteniéndome de la mesa cercana a mí -¡Yo soy Thomas King y nadie me falta el respeto aquí! ¡NADIE!- dije aún con la furia como fuego a flor de piel mientras me dirigía al pasillo con mi cuchillo preparado y en alerta. No me agarrarían desprevenido esta vez.


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Re: Enemigos Íntimos (Grupo I: Interiores de Alquimia S.A.)

Mensaje por Máster el Vie Ene 18, 2013 1:27 pm

Alice y Martina se vieron involucradas en pelea entre Ginebra y Thomas. Los aullidos de dolor del perro, más el grito desgarrador de Thomas al ser mordido por la mutante se mezclaban con el barullo incesante de las alarmas que ya inundaban el lugar. Un Tomas herido, ahora infectado se ponía de pie luego que la pequeña Martina inyectara unos sueros en el hombre que retrasarían la propagación de la infección en su ADN, al menos por un tiempo.

Otra escena se sucedía en los pasillos. Alesska apenas logró liberarse de la red que la había atrapado y mató sangrienta y violentamente a los guardias que habían ido a por ella. A varios metros, una puerta se abría debido al choque de Alma con la misma y ella luego cayó de bruces contra el piso, a la vez que un rugido salía de la habitación en la que estaba metida.

Ginebra, Alice y Martina junto a Thomas salieron para encontrarse con la escena de los guardias decapitados y la sangre de los mismos manchando las paredes y el suelo de color rojo carmesí. Thomas tomó su comunicador y comenzó a pedir refuerzos a los gritos, mientras Martina se refugiaba en los brazos de Alice quién instintivamente le correspondía.

Sin embargo todo eso había sido suficiente para Alice, quien decidió salir del lugar lo más pronto posible intentando convencer a Martina para que lo hiciera con ella. La pequeña estaba asustada, pero a la vez no cedía ante la petición de su hermana. Alesska estaba hecha una furia, pero había descargado bastante con los guardias que ahora yacían en el suelo...

En ese momento se escucharon unos pasos provenir del fondo del pasillo, lo que Thomas pensó que eran refuerzos. No podía estar más equivocado. Y así lo demostró su expresión cuando vio entrar en el lugar a varios desconocidos: Luciano, Victor, Matthew y Sebastián se abrieron paso rápidamente. Pero Thomas abrió los ojos en grande cuando divisó a una Cyrielle con una grave herida.

Amagó a actuar, pero su acción fue interrumpida, al igual que la de cualquiera de los otros presentes, al producirse un apagón total que los sumió en una profunda oscuridad…

Nota: Favor de Seguir en el siguiente enlace, se indicará el orden de posteo en el mensaje. Será una sola ronda así que más les vale que piensen bien qué harán...
Ronda Final
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